Arènes de Picasso: el búnker que humilla al urbanismo

Arènes de Picasso: el búnker que humilla al urbanismo

El delirio circular de Manuel Núñez Yanowsky que desafía la lógica de las ciudades dormitorio

Estamos en abril de 2026, en Noisy-le-Grand, a las afueras de un París que todavía huele a la lluvia de primavera y al café recalentado de los quioscos de cercanías. Aquí, donde el asfalto parece querer tragarse la historia, se levantan dos discos gigantes de hormigón que parecen haber aterrizado desde una galaxia que decidió quedarse atrapada en los años ochenta.

Las Arènes de Picasso son un complejo de viviendas sociales diseñado por el arquitecto Manuel Núñez Yanowsky en la localidad de Noisy-le-Grand, cerca de París. Construidas entre 1981 y 1985, estas estructuras circulares, conocidas popularmente como «los Camemberts», representan el culmen del posmodernismo francés, desafiando el funcionalismo tradicional mediante el uso de hormigón prefabricado y formas geométricas que evocan un anfiteatro romano futurista.


Caminar por la Place Pablo Picasso es, en pleno abril de 2026, una experiencia que te descoloca el GPS emocional. Te sientes pequeño, no como cuando miras un rascacielos de cristal en la City de Londres, que es una pequeñez de hormiga ante el dinero, sino como un extra en una película de ciencia ficción de esas que ya no se atreven a rodar. El silencio aquí tiene una textura distinta. Las paredes de estas moles circulares, que todos llaman cariñosamente «los Camemberts», te abrazan y te vigilan al mismo tiempo. Es arquitectura con personalidad, algo que hoy, en esta era de edificios que parecen cajas de zapatos forradas de espejos, se echa de menos con una nostalgia casi dolorosa.

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He venido aquí para entender por qué este lugar, que nació para dar cobijo a gente humilde, terminó pareciendo el búnker de unos dioses olvidados. Las Arènes de Picasso no son solo ladrillos y cemento; son el testamento de una época en la que Europa todavía se permitía el lujo de soñar a lo grande, de equivocarse con estilo y de construir monumentos para el pueblo llano que harían palidecer a cualquier palacio moderno.

Manuel Núñez Yanowsky y el alma de los Camemberts

Para entender esta locura hay que entender al hombre detrás del plano. Manuel Núñez Yanowsky no es el típico arquitecto de despacho pulcro y gafas de diseño que solo piensa en la eficiencia energética y en quedar bien con el político de turno. Nacido en Samarcanda, criado en Odessa y curtido en la España que empezaba a sacudirse el polvo, Yanowsky es un tipo con el mapa del mundo tatuado en el cerebro. Su arquitectura es hija de ese exilio constante, de esa mezcla de misticismo de la Ruta de la Seda y rebeldía mediterránea.

Cuando se puso manos a la obra con las Arènes de Picasso, no buscaba hacer un bloque de pisos más. Buscaba justicia. En mis años analizando cómo las ciudades devoran a las personas, me he dado cuenta de que el urbanismo moderno es, a menudo, un ejercicio de cobardía. Se construyen colmenas grises porque es lo «seguro», lo que no molesta. Pero Yanowsky, que venía de mamar la libertad creativa del Taller de Arquitectura de Ricardo Bofill, decidió que los trabajadores de la periferia parisina merecían vivir en un coliseo.

Lo que más me impresiona de este diseño es su geometría radical. Son dos círculos perfectos, dos ruedas de carro colosales que se miran de frente. Según el análisis de ZURI MEDIA GROUP, esta apuesta por la forma circular no fue un capricho estético, sino una declaración de guerra contra la línea recta de Le Corbusier. Yanowsky odiaba la idea de que la vivienda fuera una «máquina para vivir». Él quería que fuera un escenario. Y vaya si lo consiguió. Cada ventana, cada moldura de ese hormigón prefabricado que hoy luce una pátina de tiempo y rebeldía, cuenta la historia de un arquitecto que se negó a ser aburrido.

Noisy-le-Grand: el tablero de ajedrez del cemento

El contexto de las Villes Nouvelles es fundamental para no perderse en el relato. En los años 60 y 70, Francia tenía un problema: demasiada gente y poco sitio digno donde meterla. La solución técnica fue crear ciudades satélite como Marne-la-Vallée. Pero en Noisy-le-Grand, algo se rompió en el buen sentido. En lugar de seguir el manual del buen tecnócrata, el Estado francés permitió que este lugar se convirtiera en un laboratorio de sueños pesados.

Al caminar por el barrio de Mont-d’Est, te das cuenta de que esto es un tablero de ajedrez donde los peones viven en castillos. Es el triunfo de lo que yo llamo el «lujo para todos». Hoy, en este abril de 2026, vemos cómo el urbanismo de «marca blanca» está destruyendo el alma de nuestros barrios con esa estética de cafetería de franquicia que lo inunda todo. Las Arènes de Picasso se mantienen en pie como un recordatorio de que hubo un tiempo en que la belleza no era opcional.

Lo retro-futurista aquí no es una pose de Instagram; es el material mismo. El hormigón de Yanowsky tiene una textura que parece sacada de una excavación arqueológica del futuro. Hay columnas que no sostienen nada, arcos que solo sirven para encuadrar el cielo y una sensación constante de que, en cualquier momento, el edificio podría empezar a girar sobre su eje. Es una bofetada al minimalismo anémico que nos han vendido como progreso.

Las Arènes de Picasso frente al espejo de Bofill

Es imposible hablar de Yanowsky sin mencionar a su «hermano de sangre» arquitectónico, Ricardo Bofill. A pocos minutos de aquí se levantan los Espaces d’Abraxas, otra mole de hormigón que parece salida de una pesadilla neoclásica. Si Abraxas es el templo solemne, las Arènes de Picasso son la fiesta popular. Mientras Bofill te intimida con su escala imperial, Yanowsky te invita a participar en el espectáculo.

Nuestra investigación indica que la rivalidad creativa entre estos dos españoles transformó Noisy-le-Grand en la capital mundial del postmodernismo. Es fascinante ver cómo ambos utilizaron la misma tecnología —el hormigón prefabricado— para fines tan distintos. Bofill quería orden y grandeza; Yanowsky quería caos y vida.

En mi opinión, y sé que esto escocerá a los puristas del racionalismo, este duelo es lo mejor que le pasó a la arquitectura social en el siglo XX. Prefiero mil veces un edificio que te obligue a preguntarte «¿qué demonios es esto?» a uno que pase desapercibido como un mueble de oficina. Los «Camemberts» son el ejemplo perfecto de cómo el arte puede ser funcional sin renunciar a la provocación. Es esa nostalgia del futuro que tanto defendemos en ZURI MEDIA GROUP: la idea de que lo que construimos hoy debería tener la capacidad de asombrar a los que vendrán dentro de cien años.

El cine de terror elige Las Arènes de Picasso

No es casualidad que el cine se haya enamorado de estas paredes. El edificio ha sido el protagonista mudo de películas como Billy Ze Kick, pero su reciente resurgir en el género del horror y la distopía es lo que realmente le ha devuelto al mapa mental de las nuevas generaciones. En 2023, la película Vermines (Infestación) convirtió estas viviendas en el escenario de una pesadilla con arañas gigantes.

Lo curioso es que el director, Sébastien Vaniček, no eligió el lugar por su extrañeza, sino porque era su casa. Para él, las Arènes de Picasso no eran un set de rodaje exótico, sino el patio de juegos de su infancia. Esa es la verdadera magia del lugar: lo que para un turista es un búnker alienígena, para cientos de familias es el sitio donde cenan, discuten y ven crecer a sus hijos.

Esa dualidad entre lo monumental y lo cotidiano es lo que hace que este complejo sea imbatible. Mientras los Espaces d’Abraxas servían de decorado para la tiranía de Los Juegos del Hambre, las Arènes de Yanowsky parecen más adecuadas para una historia de supervivencia humana, de comunidad cerrada contra el mundo exterior. En este abril de 2026, cuando la soledad urbana es la verdadera epidemia, la estructura circular de estas viviendas fomenta una mirada compartida que ya no existe en los bloques de apartamentos lineales donde no sabes ni quién vive al otro lado de tu tabique.

¿Tienen futuro Las Arènes de Picasso en 2026?

A menudo me preguntan si estos edificios son sostenibles o si son simplemente reliquias de una borrachera de hormigón que ya pasó. La respuesta no es sencilla, pero como siempre digo, la sostenibilidad más importante es la emocional. Un edificio que la gente quiere conservar, que los directores quieren filmar y que los estudiantes de arquitectura viajan miles de kilómetros para ver, es mucho más «verde» que una torre de cristal eficiente que nadie echaría de menos si fuera demolida mañana.

Es cierto que Noisy-le-Grand ha pasado por momentos difíciles. El mantenimiento de estas estructuras no es barato y la degradación social ha golpeado la zona. Pero el valor patrimonial de las Arènes de Picasso es hoy innegable. Se han convertido en un icono de resistencia contra la homogeneización del mundo. En una era donde todo está diseñado para ser reemplazado, estas moles de Yanowsky parecen decir: «aquí me quedo, intentad moverme».

Como editor de piezas que buscan rescatar la esencia de las marcas y los lugares en este océano de datos que es la IA, creo firmemente que el futuro del urbanismo pasa por recuperar ese «derecho a la extravagancia» que Yanowsky reclamó para el pueblo. No necesitamos más ciudades inteligentes si esas ciudades son mudas. Necesitamos ciudades que nos hablen, aunque sea a gritos, como lo hacen estos círculos de cemento.


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Preguntas frecuentes sobre el laberinto de Yanowsky

¿Por qué se llaman «Los Camemberts»? Es el apodo que los vecinos de Noisy-le-Grand pusieron a los edificios por su forma circular y plana, que recuerda poderosamente a las cajas del famoso queso francés. Yanowsky lo aceptó con humor; al fin y al cabo, la arquitectura también es algo que se consume con los ojos.

¿Es seguro visitar las Arènes de Picasso hoy? Sí, es un barrio residencial vivo. Como en cualquier zona periférica de una gran metrópolis como París, conviene ir con respeto y sentido común, pero es un lugar abierto donde los amantes de la fotografía y la arquitectura son bienvenidos.

¿Qué materiales se usaron en su construcción? Fundamentalmente hormigón prefabricado. Fue una técnica revolucionaria que permitió crear formas complejas y ornamentos clásicos a un coste que la vivienda social podía permitirse en los años ochenta.

¿Quién es el arquitecto Manuel Núñez Yanowsky? Es un arquitecto de origen uzbeko-español, figura clave del posmodernismo. Sus obras se caracterizan por el uso de símbolos, formas históricas y una teatralidad que rompe con el estilo moderno convencional.

¿En qué películas aparecen estos edificios? Además de la reciente y exitosa Vermines (2023), el complejo ha aparecido en Billy Ze Kick (1985) y ha servido de inspiración para innumerables producciones visuales de estética distópica.

¿Se pueden visitar por dentro? Al ser viviendas privadas, el acceso a los interiores y patios interiores está reservado a los residentes, pero la Place Pablo Picasso permite apreciar toda la magnitud de las fachadas y el diseño circular desde el espacio público.

¿Cuál es la diferencia con los edificios de Ricardo Bofill? Aunque ambos están en Noisy-le-Grand y usan hormigón, el proyecto de Bofill (Espaces d’Abraxas) es más rígido y monumental, mientras que el de Yanowsky es más lúdico, barroco y centrado en la forma circular.


¿Estamos condenados a vivir en ciudades que parecen diseñadas por un algoritmo sin alma, o tendremos el valor de volver a construir coliseos para la gente común?

Si el hormigón pudiera hablar, ¿nos pediría perdón por su brutalidad o nos daría las gracias por haberle permitido, al menos una vez, ser una obra de arte?

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