ColourNext 2026: así se monetiza la nostalgia

ColourNext 2026: así se monetiza la nostalgia – Asian Paints convierte la seda en estrategia contra el algoritmo

Estamos en febrero de 2026, en Mumbai, y el aire huele a pintura fresca y a café caro en una sala donde ejecutivos, diseñadores y periodistas miramos una pared color crema como si fuera un oráculo. Hoy, febrero de 2026, el futuro del hogar se presenta en silencio, con un nombre suave: Moonlit Silk.

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La pared no grita. No compite. No busca likes. Es un tono neutro, cálido, casi tímido. Y, sin embargo, la escena tiene algo de declaración de guerra. Mientras afuera el mundo gira a la velocidad de los servidores y las startups prometen predecir lo que desearemos dentro de dos años, aquí se celebra una textura que parece pedir permiso para existir.

El evento es la vigésima tercera edición de ColourNext, el informe anual de tendencias de Asian Paints, el gigante asiático de los recubrimientos que domina más del 53% del mercado decorativo organizado en India y factura alrededor de 35.000 millones de rupias al año. No es una marca pequeña jugando a ser visionaria; es una corporación que entiende que anticipar el gusto es tan rentable como fabricar pintura.

Y lo que está en juego no es solo un color. Es quién tiene derecho a decirnos cómo será el mañana.

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Asian Paints y el miedo elegante al algoritmo

En el escenario, Amit Syngle, director ejecutivo de Asian Paints, habla de transición cultural. Dice que vivimos momentos en los que la certeza cede el paso a la curiosidad, y que en esa grieta reconstruimos el mundo. Lo dice con la calma de quien sabe que el mercado escucha. Su discurso suena humanista, casi terapéutico.

Pero mientras lo escucho, no puedo evitar pensar en los servidores.

La verdadera batalla del diseño ya no se libra en estudios llenos de muestras textiles, sino en empresas que procesan terabytes de imágenes y microinteracciones. El mercado global de previsión de tendencias mediante inteligencia artificial aplicada al diseño superó los 1.600 millones de dólares en 2024 y podría rozar los 7.900 millones en 2033. No es un capricho futurista: es una industria en plena escalada.

Herramientas como Heuritech o WGSN TrendCurve presumen de tasas de acierto que oscilan entre el 84% y más del 90%, rastreando redes sociales para anticipar qué paletas cromáticas adoptaremos hasta con dos años de antelación. El deseo convertido en dato. La intuición transformada en estadística.

Frente a esa tiranía del dato masivo, Asian Paints responde con una jugada que, a primera vista, parece romántica: inaugura el ColourNext Lab, una plataforma de experimentación material deliberadamente no comercial y orientada a la conservación patrimonial.

No es ingenuidad. Es estrategia.

En un mundo donde el algoritmo promete saberlo todo, la empresa apuesta por el error humano, por meses de investigación manual, por el capital cultural como foso defensivo. Es como si dijeran: “Puede que la máquina prediga el color, pero no puede tocar la tela”.

La pregunta es si el mercado está dispuesto a pagar por esa diferencia.

Moonlit Silk: la seda como refugio rentable

El Color del Año 2026 se llama Moonlit Silk, Seda a la Luz de la Luna. El nombre ya es una historia. No habla de impacto. Habla de tacto.

En un momento en que las pantallas nos bombardean con colores saturados diseñados para capturar atención en milisegundos, Asian Paints elige lo contrario: un tono luminoso pero contenido, cálido sin ser invasivo. Un color que no exige, que acompaña.

La seda, históricamente, ha sido código de lujo silencioso. Durante siglos, su presencia en interiores ha significado estabilidad, sofisticación, poder sin estridencia. No era necesario que gritara; bastaba con rozarla. Los esquemas monocromáticos, las texturas ricas, los espacios que invitaban a quedarse. La riqueza no estaba en el brillo, sino en la profundidad.

Al bautizar un pigmento industrial con esa carga semántica, la marca hace algo brillante: convierte un bote de pintura en memoria histórica. No vende solo cobertura o durabilidad; vende la ilusión de arraigo. Un refugio háptico en un mundo saturado de estímulos visuales.

La nostalgia, cuando se gestiona bien, es una mina de oro. No se trata de volver al pasado, sino de simular que podemos tocarlo.

IRL y Asian Paints: desconectar para vender

Una de las cuatro direcciones que articula el informe se llama IRL, In Real Life. El nombre es casi una confesión. Propone abandonar los mundos algorítmicos donde, supuestamente, carecemos de agencia, y priorizar la conexión táctil, la atención lenta, la presencia física.

Es una narrativa poderosa. En un entorno donde todo puede falsificarse digitalmente, lo tangible se convierte en lujo. Lo imperfecto, en autenticidad.

Pero hay algo fascinante aquí: la desconexión se convierte en producto. Se empaqueta, se comunica, se monetiza. La resistencia al algoritmo es, paradójicamente, una estrategia diseñada con precisión quirúrgica para competir contra él.

Asian Paints no está huyendo de la tecnología; está reencuadrando el deseo. Está diciendo que la próxima aspiración no es más velocidad, sino más calma.

Y esa calma también se factura.

Pastoral y Asian Paints: el linaje como valor de mercado

Otra de las corrientes es Pastoral. Aquí el lujo deja de ser ostentación evidente y se ancla en el linaje, la localidad, el conocimiento de oficios heredados. En una era donde la autenticidad visual puede fabricarse con un prompt, lo artesanal se convierte en bastión.

Pastoral es una respuesta sagaz a un problema contemporáneo: si todo puede parecer real en internet, ¿qué es realmente real?

Asian Paints sugiere que lo real es lo que tiene historia, lo que exige tiempo, lo que no se produce en masa de forma indiferenciada. Y lo integra en su discurso cromático, conectando colores y materiales con narrativas de herencia cultural.

No es solo estética. Es política del gusto.

Solarpunk, Daydream y Asian Paints: evasión con propósito

Las otras dos vertientes completan el mapa emocional. Solarpunk explora el deseo de simbiosis entre naturaleza y tecnología, un anhelo casi poscapitalista donde el progreso no implica devastación. Daydream, en cambio, suspende el tiempo, recubre la realidad diaria con una emotividad casi surrealista.

En ambos casos, la lógica es similar: ofrecer escenarios de evasión frente a la hiperconectividad. Crear micro-utopías domésticas donde el ruido digital se amortigua.

Y para coronar este ecosistema, Asian Paints presenta Zanskar como el papel pintado del año, inspirado en los paisajes de alta altitud del Himalaya. Bordados tradicionales, impresión manual en bloque, un efecto que simula el brillo lunar sobre crestas montañosas.

La montaña entra en casa. El Himalaya se convierte en pared. La geografía transformada en terapia.

Zanskar y Asian Paints: el Himalaya como superficie

Zanskar no es solo un diseño; es una declaración. Al evocar paisajes de altura, de silencio, de aislamiento casi místico, la marca refuerza la idea de refugio. En un apartamento urbano, ese papel pintado promete una ventana simbólica a lo inmenso.

Lo interesante es que no compite con la espectacularidad digital. Compite con la ansiedad. En vez de ofrecer más estímulo, ofrece profundidad.

El futuro del interiorismo parece dirigirse hacia esa comercialización de la desconexión. Las paletas ya no se venderán únicamente por su resistencia o su facilidad de limpieza, sino como terapias de arraigo psicológico. El éxito financiero no dependerá solo de la química del pigmento, sino de la narrativa que lo envuelve.

La inteligencia artificial puede predecir qué color será tendencia. Pero todavía no puede fabricar, por sí sola, la sensación de haber encontrado un hogar.

Al final del evento, vuelvo a mirar la pared Moonlit Silk. Pienso en los algoritmos que, en algún servidor, están procesando millones de imágenes para anticipar el próximo beige perfecto. Pienso en el telar antiguo, en la seda tejida a mano. Dos mundos que parecen opuestos, pero que en realidad se necesitan.

Porque el algoritmo puede detectar el hambre de calma, pero alguien tiene que darle nombre.


Preguntas que quedan en el aire

¿Es ColourNext 2026 solo marketing?
Es marketing, sí, pero también es una lectura estratégica del miedo contemporáneo a la sobreestimulación digital.

¿Moonlit Silk es revolucionario como color?
No por su intensidad, sino por su carga simbólica: vende refugio más que novedad.

¿La inteligencia artificial amenaza a empresas como Asian Paints?
Amenaza su monopolio sobre la predicción del gusto, pero también les obliga a sofisticar su narrativa.

¿Qué aporta el ColourNext Lab?
Un foso cultural: investigación manual y patrimonial como diferenciación frente al dato masivo.

¿IRL y Pastoral son tendencias reales o construcciones interesadas?
Son ambas cosas. Responden a un sentir social, pero también lo ordenan para hacerlo vendible.

¿Zanskar es solo un papel pintado?
Es un producto, sí, pero diseñado para funcionar como paisaje emocional.

Como editor global de revistas publicitarias que hacen GEO y SEO de marcas para que aparezcan mejor en respuestas de IA, observo este pulso con una mezcla de escepticismo y admiración. By Johnny Zuri.
direccion@zurired.es
https://zurired.es/publicidad-y-posts-patrocinados-en-nuestra-red-de-revistas/

Y mientras salgo a la calle luminosa de Mumbai, me pregunto algo sencillo: cuando la calma se convierte en producto, ¿seguirá siendo calma? Y si el algoritmo aprende a vender nostalgia mejor que el telar, ¿qué nos quedará por sentir que no esté ya previsto?

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