REIVINDIQUEMOS EL SEXO URBANO

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REIVINDIQUEMOS EL SEXO URBANO – ¿Una Ciudad amable? Hace poco en Valencia se vivía una concentración de eventos relacionados con la bicicleta. València Localidad Amable. Era el XV Congreso Ibérico «La Bicicleta y la Ciudad» y el III Bicifest. Si os digo que una ciudad amable puede ser un lugar en donde quepa todo tipo de actividades de relaciones entre humanos, desde parques hasta lugares para hacer el amor pasando por mercados en donde instalar incluso una tienda erótica o unos puestos de venta de frutas orgánicas.

Por lo que alcanzo a comprender una ciudad amable significa afable, satisfactoria, complaciente, afectuosa. Pero ¿de qué forma puede una localidad ser amable? Si preguntamos a quienes viven en ella nos dirán que sea menos hostil, que haya menos tráfico, más jardines, menos mugre, más academias, polideportivos, bibliotecas, etc. O quizás cuestiones tremendamente indispensables para nuestra felicidad como que procuren que tengamos más tiempo para estar con otra gente, trabajar menos horas o respetar las libertades del resto de vecinos y vecinas.

Una localidad que logre ser transitada con fluidez, y con un óptimo transporte público. Que distribuya los servicios y elementos sociales, culturales y económicos de forma que sean más cercanos a la vida de la mayoría de la gente. Un modelo de localidad así es una buenísima base de la que partir para atender la vida en todas sus dimensiones y para fomentar una vida en común más implicada. Sería, al fin y al cabo, una localidad digna de ser querida.

En los laterales de una supuesta normalidad, andamos con prácticas sexuales muy variadas. Y la ciudad podría dar fluidez a eso, también. A través de la sexualidad tenemos la posibilidad de comprender también la evolución y la gestión de la región. Si volvimos a ver la historia reciente de la prostitución en Barcelona, observamos como su tolerancia está muy condicionada a las demandas. A lo largo de los primeros años de la posguerra se decidió regular la prostitución con el objetivo de engordar las arcas de una administración paupérrima.

La sexualidad produce espacios a través del deseo. El espacio está en persistente estado de transformación. Nuevos espacios para la práctica sexual han emergido donde no los había. Hay una necesidad de reivindicar espacios concretos para realizar prácticas sexuales de todo tipo. Esto es controvertido, pero ahí tenemos a los jóvenes, que como toda la vida, tienen y han tenido dificultades para encontrar sitios en donde dar rienda suelta a su sexualidad.

Y si pensamos en maricas y putas en el espacio urbano, la esfera de lo público se difumina. Y resulta que lo público es también lo privado y lo íntimo. Reflexionar en intervenir en lo público significa no cuestionar ni reprimir los deseos íntimos. Sucede que las putas no lo son todo el día. Son más que nada personas, mujeres, mamás, amigas, usuarias… Las multan por ser putas, no por estar ejerciendo la prostitución. Por eso y otras cosas del estilo se está cuestionando la visión del espacio público.

Sin embargo, creo, una vez más, que debemos resistirnos a la fácil tentación de sexualizarlo todo. Porque de ahí también puede llegar la contradicción y el negocio, que siempre acecha. Ya sabemos que todo movimiento justo termina convirtiéndose, con el tiempo, en una moda y por tanto en un negocio. Alguien con quien me identifico poco dijo hace poco que sexualizarlo todo y discriminar por sexo a la gente diciendo que así se pelea contra la discriminación sexual no es una contradicción sino un negocio para mediocridades.

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